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22 de agosto de 2012

I was a heavy heart to carry

Me desperté en el río, flotando boca arriba.  Me había enganchado la ropa con unas ramas de un árbol que se metían hasta la mitad del río, y eso evitaba que la corriente me arrastrase mas lejos. Estaba amaneciendo, pero todavía estaba lo suficientemente oscuro como para poder ver el resplandor de fuego entre los árboles y una humareda que sobresalía de las copas mas altas de aquél bosque.
Nadé hasta la orilla, y allí dormí hasta el amanecer del día siguiente. En el medio, soñé con grandes castillos, reyes eternos, imperios indestructibles, fiestas y banquetes sin fin. Creo que no quería despertar, no quería que el tiempo siguiera su curso.
Cerré los ojos y soñé de nuevo. Me miraba desde afuera y tenía la piel color aceituna, los ojos color agua y el pelo del color del ébano; me llamaban Hû áva, cabello negro. Ya para ese entonces hablábamos la lengua kuimba'e morotî, la lengua de los hombres blancos.En presencia de ellos no podíamos usar nuestra lengua materna, pero entre nosotros hablábamos la lengua sy: era una de las pocas cosas nuestras que nos quedaban. Soñé que vivíamos caminando en fila trabajando en las huertas, tejiendo el mimbre y amasando el pan. A veces estábamos arrodillados. Los hombres blancos eran mas pequeños que nosotros y cuando estábamos todos de pie se sentían intimidados, por lo que nos hacían arrodillarnos: trabajar arrodillados, comer arrodillados, vivir arrodillados. Soñé que quise escapar, y me atraparon, o mejor dicho, me re-atraparon antes que pudiera desatraparme, y me llevaron ante el jefe morotî. Un hombrecito con poca altura, poco pelo, y  poca investidura: apenas un corregidor del Virrey en Lima, quien muy frecuentemente excedía el requerimiento de hombres de nuestro pueblo permitidos para que trabajen en la mina, y mas frecuentemente aún se olvidaba de pagarnos el salario. Se llamaba Blasco, y para demostrar quién mandaba en esa tierra, ordenó matarme. Entonces soñé que, al alba, dos hombres me llevaron a la orilla del río y me acuchillaron. Dejaron que mi sangre brotara hacia el agua, que luego regaría el cultivo. Yo era la muestra de la desobediencia. Quien siguiera mis pasos se convertiría en riego para el trigo, en sacrificio, en tributo a Dios. Entredormida, casi sin vida, vi a un tercer hombre a mi lado, también llamado para la ejecución. Gesticulaba, movia la cabeza y hablaba en un español que yo no entendía; creo que estaba rezando. No sabía que era lo que quería hacer, su cuchillo estaba limpio y estaba un poco alejado, con los ojos brillosos, la cabeza gacha y cuando me miró a los ojos casi escuche su ñyrô resonando por todo el bosque, y entonces vi como se me acercaba enarbolando el cuchillo...
No supé si fue su puñal el que me mató, porque abrí los ojos al momento del impacto. Y no estaba durmiendo; soñé las verdades de dos noches atrás.
La historia es conocida: resucité al tercer amanecer, nadie me recordaba, y ya sólo quedaron unos pocos que creyeron la verdad, que creyeron que la libertad existiera.
Blasco fue Virrey.  

Fin del juego

Tengo la sensación de estar cayendo en un abismo
sin saber con certeza cuando aterrizaré,
o si en verdad estoy flotando,
o si en realidad me dirijo hacia el cielo.
No se muy bien para que lado estoy yendo.
No recuerdo bien como llegué a este lugar;
el piso se rompió de repente,
un día sin avisar.
Y desde entonces estoy volando,
nadando,
o cayendo,
o ahogándome.

9 de junio de 2012

Ya no necesito esto,
y vos me lo seguis dando.
No necesito nada,
no te detengas por mi llanto.
No me arrastres a tu gloria,
y yo no te llevo a mi fracaso;
hagamos un pacto
no nos miremos más.

No te escapes de mi olvido
con un paso al costado
por mas que aquel campo dorado
parezca hecho para vos.
No retrases tu viaje
no te detengas a pensar
en lo que dejaste atrás,
en esa cadena de flores de la quisiste escapar.


6 de junio de 2012

Re-Flexiones

Que extraño es el deseo:
se quiere algo
que en realidad no se quiere tener.
¿Que pasa si el burro muerde la zanahoria?
Deja de andar.
Así es el cerebro,
si muerde el objeto del deseo
deja de desear.


Derechos de Autor Reservados.

El presente

Te voy sacando de a poco
de cada espacio en el que te agazapaste,
como telaraña prendida al techo,
te desprendo con un plumero
sin que puedas quedarte.
Te saco el presente que rechazaste,
el día a día que no te esforzaste por tener
pero te queda algo muy importante:
el tiempo que pasaste junto a mi
ese pasado inmenso y a la vez pequeño
que tengo todavía al costado de la cama
guardado en la mesita de luz.
Y te queda el futuro
aquel que aún se conserva intocable:
es tuyo, si lo querés conseguir.


Derechos de Autor Reservados.